Gareca guardó piezas habituales pero Vélez fue el equipo confiable de los últimos meses. En el primer tiempo dio una exhibición ante un Lobo que pareció gatito.
Un plantel es un plantel. Pero un equipo son titulares y suplentes. Más allá de cómo les guste llamarlos a los técnicos, confían más en un unos jugadores que en otros. Generalmente, los titulares son mejores que los suplentes; aunque no hay que ponerlo demasiado en evidencia por eso de "somos un plantel muy unido". El plantel de Vélez está unido en la causa. En la causa de pelearle el premio de mejor equipo a Estudiantes. O mejor plantel. Porque ayer quedó claro que Vélez tiene dos equipos con el mismo sello. Y el que no vio el clásico de La Plata tranquilamente se puede preguntar cómo este Gimnasia le pudo ganar a Estudiantes. O tal vez la explicación sea que jugó al 500 por ciento y necesitará un mes para recuperar energías.
De a ratitos se vio la mano de Cocca, en el buen trato de pelota y en el intento de salida limpia. Pero hasta ahí llegó el Lobo. Porque Encina y Villar, los volantes externos, estuvieron más preocupados por no perder la posición y por que no los sorprendieran que por desprenderse y sorprender. Y los delanteros que puso Cocca (¡ejem!) sólo sirven para estar en el área.
Lo mal que jugó Gimnasia se puede ilustrar fácilmente: pese a salir con un volante más, Vélez tuvo la pelota todo el tiempo. Y no sólo la tuvo: la tocó, la mimó, la cuidó, la movió, la quiso. Como aquella charla técnica de Carrasco, en la que les hablaba a sus jugadores del River uruguayo sobre cómo había que tratar a la pelota, que había que tratarla bien porque si la trataban bien, "ella va a venir con nosotros". Ni más ni menos que lo que hizo Vélez. La trató con amor y la pelota siempre estuvo en los pies azules con V. Y hasta se escucharon los oles antes de que el equipo fuera ganando. Ganar fue una cuestión de decantación. Mientras Razzotti parecía leer el manual de cómo debe jugar un cinco y Cabrera y Cabral se sumaban al baile, Díaz y Lima se le sumaban a los volantes para desarticular la superioridad numérica rival en el medio. Fue saber moverse más actitud. Gimnasia no supo moverse y nunca jugó con el chip del clásico.
Vélez jugó con el chip habitual. Y eso que no estuvieron inspirados el Burrito Martínez y Caruso (o la gente lo esperó con demasiadas expectativas o tiene poca paciencia con él). Al cabo, no fueron necesarios. Bastó la astucia de Zárate para jugar hacia atrás (también vale) y así llegó el primero. Gimnasia siguió dormido y Razzotti distribuyendo a diestra y siniestra. El pero de Vélez es que no mantuvo el ritmo en el segundo tiempo. Y no le puede echar la culpa al rival porque Gimnasia mantuvo la misma abulia que en la primera parte, como si le dieran los puntos por perder. Muy raro. Con ese panorama, Vélez debió jugar para golear y no para aguantar. Ese es el único reproche.